Lunes, 20 de julio de 2020

En la reunión de principios de verano que organizó el área de accesos de la FEDME, con los responsables de refugios de las federaciones de montaña autonómicas de
Andalucía (FAM), Asturias, Aragón y Cataluña, cuyo objetivo principal era analizar la situación de ocupación de estos.

Además de la puesta en marcha del funcionamiento de estas importantes instalaciones bajo las nuevas condiciones de seguridad e higiene, ha surgido un dato común, la percepción de un aumento significativo de los accidentes de montaña. Ya sea mediante un aumento de la siniestralidad, o de los propios rescates, este aumento ha puesto en alerta a los responsables federativos y comunicado a las áreas de seguridad para aumentar la concienciación en estos aspectos.

Aunque los análisis de accidentalidad más serios y rigurosos no podremos tenerlos hasta que haya pasado la temporada, no podemos dejar de constatar la realidad, y reflexionar sobre qué está pasando. ¿Cuáles pueden ser las causas o precursores qué están provocando este aumento tan drástico este verano?

Desde el Comité de Seguridad hemos analizado la situación del terreno y el escenario ambiental comparado con otros años, y no hemos detectado anomalías en variaciones ambientales a las que se pueda relacionar con este incremento de la accidentalidad.

Así que decidimos dirigir el análisis casuístico hacia el factor humano, y revisamos las causas que puedan estar incidiendo el comportamiento y las tomas de decisiones de los montañeros o excursionistas que se están acercando a practicar deportes de montaña.

Sin duda alguna, la nueva normalidad nos está influyendo en la forma de comportarnos durante la práctica deportiva en montaña, y se presenta como una importante causa de estos nuevos índices de accidentalidad. Esto nos lleva a una reflexión de cómo nuestra nueva forma de aceptar la realidad del COVID-19 afecta en nuestras decisiones y sobre todo en la percepción del riesgo.

Veamos qué está pasando y cómo nos podemos proteger de los peligros derivados de la nueva normalidad:

1º.- Huir del riesgo de contagio nos hace vulnerables en la montaña como colectivo.

2º.- El exceso de focalización en un peligro cercano y reiterativo provoca falta de atención sobre otros peligros intrínsecos de la actividad.

3º.- Reconoce que no eres el mismo.

4º.- Demasiadas ganas no son buena compañía.

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